27 de diciembre de 2008

Programa de radio: ¡Feliz 2.009!


Grabación del audio del programa que hemos realizado hoy desde el blog:

¡Feliz Año 2.009!

De 13:00 a 17:00 horas

Han participado en el vivo y en el directo:

Daniel Romero (desde Toledo),
Reyes, dama de sevillano nombre (desde Sevilla),
Fauve, la petite sauvag (desde A Coruña),
Arkantis (desde Zamora),
El Aguador de Sevilla (desde Sevilla),
Lo que dice Candela (desde Limerick - Irlanda),
La cueva de Susana (desde Mendoza, Argentina),
Mary (desde Buenos Aires- Argentina),
Mi espacio flamenco (desde Caracas - Venezuela),
El Humilladero,
Olvidos y recuerdos y
Callejón de los negros (desde Sevilla)



Foto de AnimaMundi

Gracias a la asistencia técnica de Ciudad Futura

19 de diciembre de 2008

Programa de Radio: Felices Fiestas


Grabación del programa de radio realizado en directo:

¡Felices Fiestas!
De 13:00 a 17:00
Viernes 19/12/08

Estuvieron en el vivo y en el directo desde:


Valverde del Camino: Manolo Cayuela y Alfonso Macías;

Palma de Mallorca: DianNa;

Buenos Aires, Argentina: Susana;


Barcelona: Striper y Lisebe;

Caracas en Venezuela: América.




Gracias a la asistencia técnica de Ciudad Futura

Programación de lujo

Hoy haremos un programa de radio que pueden escuchar en este blog de 13 a 16 horas: ¡Felices Fiestas! Esperamos vuestra participación.

Lo de lujo es por este anuncio, lo rodamos en Carmona para "Alimentos de Andalucía" dentro de la campaña "Está de lujo" y lo están emitiendo ahora .

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Les esperamos de 13 a 16 horas con el programa de radio que pueden escuchar aquí: ¡Felices Fiestas!

13 de diciembre de 2008

Radio Luz de gas

Hemos hecho un programa de radio de 13 a 16 horas desde el blog, esto ha sido un experimento, muchas gracias a todos los que habeis estado ahí. No estaba planeado salió de improviso por eso no lo anunciamos.


Gracias por vuestros comentarios.

El próximo lo grabamos.

Gracias a la asistencia técnica de Ciudad Futura

21 de noviembre de 2008

¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!



Aquella mañana la ardilla no conseguía dormir, una sensación de peligro recorría toda su cola desde bien temprano. Tenía la cabecita fuera del agujero del árbol por si había que salir pitando. De pronto vio acercarse un manojo de plumas intentando volar pero lo único que conseguía era saltar de tronco en tronco, se detuvo en una rama junto a ella; la ardilla se metió dentro para que no la descubriera. Entonces escuchó un grito:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Desde su escondite pudo ver que era aquello.

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Era un loro, tenía las alas cortadas y estaba extenuado, se notaba que no acostumbraba a revolotear por el bosque, una lágrima salió de sus ojos. La ardilla al verlo se conmovió.

- ¿Te pasa algo? –Dijo con un poco de miedo.

- ¡¡¡AAAH!!! – El loro perdió el equilibro casi cayendo al suelo. - ¿Quién eres?

- Yo soy una ardilla.

- ¡Que rara eres! Nunca había visto a nadie como tu.

- ¿Tu no eres de por aquí, verdad?- Le respondió ella.

- No, me he perdido. Vivo en la casa de las piedras blancas, allí no me falta de nada, pero esta noche durante el vendaval se abrió la ventana por la que estaba viendo moverse los árboles y el viento me trajo hasta aquí. - Otra lágrima mojó su pico- ¿Me puedes ayudar a volver?

- No se donde está tu casa. ¿No te gustaría quedarte aquí con nosotros?

- ¡No! ¡Quiero volver!

Dicho esto el loro se subió en lo alto de la ardilla y le clavó sus uñas.

- Vamos, llévame hasta la casa de las piedras blancas o no te soltaré.

La ardilla no tuvo más remedio que emprender camino siguiendo las ordenes del loro. Recorrió el bosque durante horas, pero la casa no aparecía. El ave no soltaba sus garras, un hilo de sangre iba quedando a cada paso que daban.

Al atardecer junto a un llano vieron una casa de piedras blancas con una cruz en lo alto. El loro se soltó y comenzó a gritar:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Un hombre salió de la casa con túnica negra y en cuanto vio al loro empezó a gritar:

- ¡Padre Balaguer! ¡Padre Balaguer! ¡Libertad ha vuelto!

Otro hombre salió y corrieron en busca del ave gritando:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Este saltaba de alegría y se les subió encima repitiendo, como un loro que era:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Bailando y gritando de alegría se colaron en la casa, cerrando la puerta a cal y canto para que no volviera a escaparse.

La noche se hizo, la última gota de sangre de la ardilla mojó la hierba fresca del campo. Cerró sus ojos mientras la luna que todo lo ve la cubría con una sábana de algodón.


Esta entrada inauguró: "Las fábulas del loro y la ardilla" , tu también puedes escribir tu fábula en este libro que se publicará si lo llenamos entre todos. Infórmate pulsando aquí: Dos Manzanas. Hay novedades de última hora. Pueden ser de cualquier estilo: Fábulas recibidas hasta ahora. Hay que enviarlas al correo: dosmanzanas@gmail.com.

Fotos de Mezü y Xavier Simon

24 de octubre de 2008

Oráculo


Andábamos perdidos por calles que no conocíamos, nada nos era familiar. No encontrábamos ese lugar en el que sentarnos y ver la vida pasar. Yo sentía una opresión en el pecho, había fumado demasiado. Paramos junto a un semáforo en rojo aunque no pasaban coches y entonces sentí una mano en mi hombro.

- ¿Niño mayudái a paza?

Era un mujer mayor que llevaba una borrachera tremenda, lo supe no solo por el olor que desprendía su boca, también porque el equilibrio estaba a punto de abandonar su cuerpo. La agarré del brazo y cruzamos la calle mientras canturreaba.

- ¡Quien tuviera vuetra eda shiquillo!- Nos dijo al pisar la acera que había estado enfrente.

- Bueno usted también habrá disfrutado lo suyo. – Le dijo Mario.
Se paró en seco, nos miró a los ojos y nos dijo:

- Zin priza miarma, no hay atajo: para ehta aquí, zólo hay que llegá.

Nos lanzó un beso y se metió en el portal de un bloque.



Fotos Ruven Afanador

17 de octubre de 2008

Hoja de diario de un Tarzán


Durante años había utilizado las lianas para desplazarme, sobrevolando la selva llegaba rápidamente a cualquier sitio, los monos me seguían a cierta distancia en unas carreras frenéticas. Hay una leyenda urbana según la cual yo soy amigo de los monos, nada más lejos de la realidad, los monos son muy suyos y sólo en contadas ocasiones he podido llegar a comunicarme de verdad con alguno de ellos. Como iba diciendo siempre iba en lianas y el movimiento hacía que viera la selva desde una perspectiva turbia y embriagada, cuando paraba de repente para cazar todo me daba vueltas hasta que el caracol del oído se quedaba quieto, siempre demasiado tarde y cuando la presa ya había huido.

Hace unos meses dejé de usar lianas, prefiero caminar por la selva, he dejado ya de tener prisa por llegar y me regodeo más en el camino. La vegetación aquí es asombrosa, flores de mil colores se enredan por los troncos buscando esos rayos de sol que como lanzas se cuelan entre las copas de los árboles. No sólo hay monos, he descubierto una cantidad ingente de animales que caminan a ras de suelo, incluso bajo él. Desde que voy caminando los pies se han llenado de heridas que cicatrizan y se amontonan unas encima de otras creando una dureza que los aísla de los accidentes del camino. La vida no es fácil aquí, siempre hay algo que hacer. Me levanto temprano y busco alimentos, Jane se encarga de que todo esté limpio y ordenado en nuestra choza.
A principios del otoño nos vamos a un lago donde lo único que hacemos es descansar, en esa época ya se han ido los turistas. Son unos días maravillosos que pasamos nadando y tumbados bajo el sol de octubre. Cuando empieza a hacer frío regresamos y continuamos con el día a día. Esos días en el lago son los más maravillosos del año, aunque no los únicos.
La vida aquí no es fácil, muchas veces hay que hacer de tripas corazón pero todo esto cobra sentido al abrir los ojos en el camastro y ver el cuerpo desnudo de Jane brillando a la luz de la luna junto al mío.

Hace poco encontré un aparato que debió dejar olvidado algún turista, tiene unos tapones que te los pones en las orejas, le das a un botón y suena esta bonita canción que ahora os invito a escuchar.



Canción de "De tripas corazón" Arturo Pareja Obregón

Fotos de Dr. X`s

Gracias a 
La Radio de los Blogueros por la distinción

3 de octubre de 2008

Limpieza


Para que una habitación esté ordenada tiene que tener algo dentro porque si no está vacía y no quiero decir que una habitación vacía esté ordenada: simplemente está vacía. Con estos tremendos pensamientos filosóficos me encuentro dentro de la bañera probando la nueva esponja mágica que sólo hay que mojar un poco y restregarla por la superficie a limpiar. Una vez pasada por todos lados saco un paño para secar pero me parece más correcto enjuagar y he aquí el dilema: ¿Cómo se enjuaga esto?

Cojo la manguera de la ducha y mojo toda la bañera, el bidé, la taza del bater, la pila, las paredes. El agua chorrea por los azulejos inundándolo todo. Rápidamente agarro la fregona y voy recogiendo. Esto de la esponja mágica tiene que tener otro sistema, quizás no haya que enjuagar porque esto es un atraso, a ver quien arregla ahora este caos. El producto desinfectante que eché en el bater me está mareando, la cabeza empieza a darme vueltas. Llaman a la puerta, suena el teléfono. Me resbalo, intento agarrarme a la fregona pero el cubo se derrama mientras caigo. El suelo se inunda de agua, se expande fuera del baño. Escucho unos hachazos provenientes de la puerta, no me puedo levantar, me pesa todo, vomito. Unos ángeles con cascos de bomberos aparecen volando, me levantan del suelo y por la ventana de la habitación me sacan a la calle. Por los ojos entreabiertos veo como una gran ola sale de mi manzana y se apodera de la Calle Agricultores llegando a la S-30, arrastra coches, personas. La muralla de la Macarena intenta contener la marea pero es imposible. Triana, Sevilla, todo se hunde bajo el agua. Mis ojos no pueden más, se cierran. Noto como los angelitos con cascos de bomberos me siguen elevando y mientras sueño con la Giralda en letargo, bajo el agua.


8 de agosto de 2008

El callejón de los negros



Tuve un accidente que me mantuvo en cama sin poder moverme unos meses con tres fisura en la columna. No tenía televisión, mi único entretenimiento era la lectura y lo que podía ver desde mi ventana. Durante el día la persiana permanecía bajada ya que el sol daba de lleno pero cuando llegaba la noche se abría y me quedaba embobado mirando.

Era un callejón oscuro iluminado únicamente por una pequeña farola. Sólo veía la fachada encalada de enfrente y las sombras de la gente al pasar. El momento cumbre era cuando dos sombras se encontraban y empezaban a hablar, escuchaba atentamente las conversaciones, me entretenía intentando reconocerlas por su voz, casi siempre lo conseguía. Era divertido observar las sombras distorsionadas por el ángulo de la luz y los desniveles de la pared. Según donde se detuvieran el efecto era distinto, podían tener el cuerpo corto y la cabeza enorme como dos cabezudos, era entonces cuando tenían lugar los diálogos más violentos, auténticas discusiones sobre los temas más absurdos. Otras veces pasaba lo contrario, sus cabezas se empequeñecian y su parte baja cobraba más protagonismo, sus diálogos se volvían más picantes, ignorantes que las estaba escuchando contaban sus últimas conquistas. Recuerdo como los brazos se alargaban transformándose en animales fantásticos y se engullian las unas a las otras.

La sombra que más me gustaba observar era la de mi madre sentada en una silla tomando el fresco en la puerta, hablaba con todo el que pasaba que terminaba sentándose con ella en otra silla que precavida ella sacaba. Siempre tenía tema de conversación e inevitablemente por muy trascendental que se pusiera siempre terminaba riendo. Parecía que lo hacía por mí, sabiendo que la estaba escuchando conseguía que las noches pasaran volando en ese verano de sombras.


Para Antonio y sus negros

Fotos de Arriba del Árbol

18 de julio de 2008

Noche púrpura


La primera noche el silencio sólo era interrumpido por el sonido de un grillo que rebotaba en la cornisa y se colaba por la ventana de la habitación enredándose en la cortina púrpura que se movía con la brisa. Tenía la sensación de estar en un hotel, todo era nuevo y extraño aunque nos hubiéramos llevado semanas pensando en lo que íbamos a poner. Escuché un sonido en el comedor, no le di importancia al principio, pero como no podía dormir empecé a darle vueltas. La diferencia de temperatura podría haber hecho crujir algo, el aparador podría caerse ya que los espiches del seis quizás no fueran suficientes, a la puerta le echamos la llave y le pusimos la cadenilla, todas las ventanas estaban con la persiana echada menos la del dormitorio. Traté de no despertar a M., me levanté y fui inspeccionando habitación por habitación, todo estaba en orden, miré en el armario, nada. Con cierto alivio me tendí sobre la sábana púrpura nueva y recién lavada.

Recordé ese temor que entra cuando te enamoras, temes que pase algo que enturbie la felicidad, en todo lo que haces tienes sumo cuidado. Quizás el temor a perder algo que tanto trabajo ha costado hubiera llamado al miedo.

El grillo por fin se calló y otro mundo paralelo, el de los sueños, abrió sus puertas.


Fotos de Attritio y el cuervo y el jaguar

11 de julio de 2008

Plafón


El plafón del recibidor lo puse con dos herrajes, utilizando en uno de ellos el agujero por donde salían los cables. En el segundo, el del pasillo, usé tres herrajes aprovechando también el agujero de los cables. Y por último al de la terraza/lavadero le hice tres agujeros, no utilicé el de los cables porque en los otros casos se veía, no le puse la tuerca que sujetaba el herraje a la escayola para que quedara más pegado al techo y centré la luz con el fin de que alumbrara mejor. Sin duda fue el que quedó mejor y sin embargo era el que estaba más escondido. Para igualar el resultado en los otros dos tuve que deshacer el trabajo, tapar los agujeros que no pude aprovechar y colocarlos como el de la terraza/lavadero.

Aprendí a hacerlo de la mejor forma en el tercer plafón. Lástima que no sean tres las unidades que haya estado poniendo en todos los casos y nunca vea un resultado mejor.



Fotos: Dëdalus y Treblo-a

15 de mayo de 2008

Norma Desmond en el Mercadona

La idea de ir al Mercadona causa en mí un cansancio brutal, pienso en la vuelta con las bolsas clavadas en los dedos, pero hoy como hay que traer dos packs de agua Lanjarón cogemos el coche, otro drama será luego encontrar aparcamiento. Estoy contento por mi descubrimiento del otro día: el pan de pita y la salsa de yogur Hacendado. Tuestas un poco el pan, lo cortas por arriba, le metes lechuga, tomate, queso de esgueva, pollo empanado, todo troceado y lo riegas con la salsa, está buenísimo.
Son las cuatro de la tarde del sábado, bastantes sitios libres en el parking y muy poca gente comprando. Nos vamos directamente al pan, seguimos por la calle de las galletas y al llegar a la zona franca entre la sangría Don Simón, la bifurcación hacía la chacina y el cruce donde se abre el pasillo con los congelados: justo ahí la vemos, en donde hay más luz. Viene con aire despistado a lo Nati Abascal mirando de soslayo a ambos lado del pasillo con la mirada perdida como Norma Desmond bajando la escaleras en "El crepúsculo de los dioses". La escoltan cuatro encargados del Mercadona marcándole las cuatro esquinas, separados de ella con la distancia justa para que ella libremente continue con su paso perdido hacia no se sabe donde. Hace unos ademanes junto a la caja, coge su bolsa, los chicos bajan la mirada y ella con suma indiferencia sale. Junto a nosotros se ha formado una fila de empleados mirando la escena.
-¿Qué ha pasado? - Pregunto.
Nadie responde, no sé si las palabras han salido de mi boca alguna vez porque nadie hace acuse de recibo. Seguimos con la compra. M. me dice que para que pregunté nada. Llegamos a la caja, hay cambio de cajero y uno le susurra al otro algo de una mujer que han tenido que sacar. Justo entonces miro a un muchacho que se pone en la cola detrás de nosotros, me suena la cara. M. me saca de la duda, es el muchacho de Cajasol que nos tiene que firmar la hipoteca, asiento con el gesto. Me entran ganas de preguntarle mil cosas pero es sábado, estamos en el Mercadona, no quiero molestarle. Con una sonrisa y la mirada baja nos dependimos.

Volvemos a casa y por un milagro divino tenemos el mismo sitio para aparcar que dejamos libre: justo delante de casa. ¡Qué suerte!