24 de octubre de 2008

Oráculo


Andábamos perdidos por calles que no conocíamos, nada nos era familiar. No encontrábamos ese lugar en el que sentarnos y ver la vida pasar. Yo sentía una opresión en el pecho, había fumado demasiado. Paramos junto a un semáforo en rojo aunque no pasaban coches y entonces sentí una mano en mi hombro.

- ¿Niño mayudái a paza?

Era un mujer mayor que llevaba una borrachera tremenda, lo supe no solo por el olor que desprendía su boca, también porque el equilibrio estaba a punto de abandonar su cuerpo. La agarré del brazo y cruzamos la calle mientras canturreaba.

- ¡Quien tuviera vuetra eda shiquillo!- Nos dijo al pisar la acera que había estado enfrente.

- Bueno usted también habrá disfrutado lo suyo. – Le dijo Mario.
Se paró en seco, nos miró a los ojos y nos dijo:

- Zin priza miarma, no hay atajo: para ehta aquí, zólo hay que llegá.

Nos lanzó un beso y se metió en el portal de un bloque.



Fotos Ruven Afanador

17 de octubre de 2008

Hoja de diario de un Tarzán


Durante años había utilizado las lianas para desplazarme, sobrevolando la selva llegaba rápidamente a cualquier sitio, los monos me seguían a cierta distancia en unas carreras frenéticas. Hay una leyenda urbana según la cual yo soy amigo de los monos, nada más lejos de la realidad, los monos son muy suyos y sólo en contadas ocasiones he podido llegar a comunicarme de verdad con alguno de ellos. Como iba diciendo siempre iba en lianas y el movimiento hacía que viera la selva desde una perspectiva turbia y embriagada, cuando paraba de repente para cazar todo me daba vueltas hasta que el caracol del oído se quedaba quieto, siempre demasiado tarde y cuando la presa ya había huido.

Hace unos meses dejé de usar lianas, prefiero caminar por la selva, he dejado ya de tener prisa por llegar y me regodeo más en el camino. La vegetación aquí es asombrosa, flores de mil colores se enredan por los troncos buscando esos rayos de sol que como lanzas se cuelan entre las copas de los árboles. No sólo hay monos, he descubierto una cantidad ingente de animales que caminan a ras de suelo, incluso bajo él. Desde que voy caminando los pies se han llenado de heridas que cicatrizan y se amontonan unas encima de otras creando una dureza que los aísla de los accidentes del camino. La vida no es fácil aquí, siempre hay algo que hacer. Me levanto temprano y busco alimentos, Jane se encarga de que todo esté limpio y ordenado en nuestra choza.
A principios del otoño nos vamos a un lago donde lo único que hacemos es descansar, en esa época ya se han ido los turistas. Son unos días maravillosos que pasamos nadando y tumbados bajo el sol de octubre. Cuando empieza a hacer frío regresamos y continuamos con el día a día. Esos días en el lago son los más maravillosos del año, aunque no los únicos.
La vida aquí no es fácil, muchas veces hay que hacer de tripas corazón pero todo esto cobra sentido al abrir los ojos en el camastro y ver el cuerpo desnudo de Jane brillando a la luz de la luna junto al mío.

Hace poco encontré un aparato que debió dejar olvidado algún turista, tiene unos tapones que te los pones en las orejas, le das a un botón y suena esta bonita canción que ahora os invito a escuchar.



Canción de "De tripas corazón" Arturo Pareja Obregón

Fotos de Dr. X`s

Gracias a 
La Radio de los Blogueros por la distinción

3 de octubre de 2008

Limpieza


Para que una habitación esté ordenada tiene que tener algo dentro porque si no está vacía y no quiero decir que una habitación vacía esté ordenada: simplemente está vacía. Con estos tremendos pensamientos filosóficos me encuentro dentro de la bañera probando la nueva esponja mágica que sólo hay que mojar un poco y restregarla por la superficie a limpiar. Una vez pasada por todos lados saco un paño para secar pero me parece más correcto enjuagar y he aquí el dilema: ¿Cómo se enjuaga esto?

Cojo la manguera de la ducha y mojo toda la bañera, el bidé, la taza del bater, la pila, las paredes. El agua chorrea por los azulejos inundándolo todo. Rápidamente agarro la fregona y voy recogiendo. Esto de la esponja mágica tiene que tener otro sistema, quizás no haya que enjuagar porque esto es un atraso, a ver quien arregla ahora este caos. El producto desinfectante que eché en el bater me está mareando, la cabeza empieza a darme vueltas. Llaman a la puerta, suena el teléfono. Me resbalo, intento agarrarme a la fregona pero el cubo se derrama mientras caigo. El suelo se inunda de agua, se expande fuera del baño. Escucho unos hachazos provenientes de la puerta, no me puedo levantar, me pesa todo, vomito. Unos ángeles con cascos de bomberos aparecen volando, me levantan del suelo y por la ventana de la habitación me sacan a la calle. Por los ojos entreabiertos veo como una gran ola sale de mi manzana y se apodera de la Calle Agricultores llegando a la S-30, arrastra coches, personas. La muralla de la Macarena intenta contener la marea pero es imposible. Triana, Sevilla, todo se hunde bajo el agua. Mis ojos no pueden más, se cierran. Noto como los angelitos con cascos de bomberos me siguen elevando y mientras sueño con la Giralda en letargo, bajo el agua.