21 de noviembre de 2008

¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!



Aquella mañana la ardilla no conseguía dormir, una sensación de peligro recorría toda su cola desde bien temprano. Tenía la cabecita fuera del agujero del árbol por si había que salir pitando. De pronto vio acercarse un manojo de plumas intentando volar pero lo único que conseguía era saltar de tronco en tronco, se detuvo en una rama junto a ella; la ardilla se metió dentro para que no la descubriera. Entonces escuchó un grito:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Desde su escondite pudo ver que era aquello.

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Era un loro, tenía las alas cortadas y estaba extenuado, se notaba que no acostumbraba a revolotear por el bosque, una lágrima salió de sus ojos. La ardilla al verlo se conmovió.

- ¿Te pasa algo? –Dijo con un poco de miedo.

- ¡¡¡AAAH!!! – El loro perdió el equilibro casi cayendo al suelo. - ¿Quién eres?

- Yo soy una ardilla.

- ¡Que rara eres! Nunca había visto a nadie como tu.

- ¿Tu no eres de por aquí, verdad?- Le respondió ella.

- No, me he perdido. Vivo en la casa de las piedras blancas, allí no me falta de nada, pero esta noche durante el vendaval se abrió la ventana por la que estaba viendo moverse los árboles y el viento me trajo hasta aquí. - Otra lágrima mojó su pico- ¿Me puedes ayudar a volver?

- No se donde está tu casa. ¿No te gustaría quedarte aquí con nosotros?

- ¡No! ¡Quiero volver!

Dicho esto el loro se subió en lo alto de la ardilla y le clavó sus uñas.

- Vamos, llévame hasta la casa de las piedras blancas o no te soltaré.

La ardilla no tuvo más remedio que emprender camino siguiendo las ordenes del loro. Recorrió el bosque durante horas, pero la casa no aparecía. El ave no soltaba sus garras, un hilo de sangre iba quedando a cada paso que daban.

Al atardecer junto a un llano vieron una casa de piedras blancas con una cruz en lo alto. El loro se soltó y comenzó a gritar:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Un hombre salió de la casa con túnica negra y en cuanto vio al loro empezó a gritar:

- ¡Padre Balaguer! ¡Padre Balaguer! ¡Libertad ha vuelto!

Otro hombre salió y corrieron en busca del ave gritando:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Este saltaba de alegría y se les subió encima repitiendo, como un loro que era:

- ¡¡¡Libertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaad!!!

Bailando y gritando de alegría se colaron en la casa, cerrando la puerta a cal y canto para que no volviera a escaparse.

La noche se hizo, la última gota de sangre de la ardilla mojó la hierba fresca del campo. Cerró sus ojos mientras la luna que todo lo ve la cubría con una sábana de algodón.


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Fotos de Mezü y Xavier Simon