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Mostrando entradas de octubre, 2008

Oráculo

Andábamos perdidos por calles que no conocíamos, nada nos era familiar. No encontrábamos ese lugar en el que sentarnos y ver la vida pasar. Yo sentía una opresión en el pecho, había fumado demasiado. Paramos junto a un semáforo en rojo aunque no pasaban coches y entonces sentí una mano en mi hombro.
- ¿Niño mayudái a paza?

Era un mujer mayor que llevaba una borrachera tremenda, lo supe no solo por el olor que desprendía su boca, también porque el equilibrio estaba a punto de abandonar su cuerpo. La agarré del brazo y cruzamos la calle mientras canturreaba.
- ¡Quien tuviera vuetra eda shiquillo!- Nos dijo al pisar la acera que había estado enfrente.
- Bueno usted también habrá disfrutado lo suyo. – Le dijo Mario. Se paró en seco, nos miró a los ojos y nos dijo:

- Zin priza miarma, no hay atajo: para ehta aquí, zólo hay que llegá.
Nos lanzó un beso y se metió en el portal de un bloque.


Fotos Ruven Afanador

Hoja de diario de un Tarzán

Durante años había utilizado las lianas para desplazarme, sobrevolando la selva llegaba rápidamente a cualquier sitio, los monos me seguían a cierta distancia en unas carreras frenéticas. Hay una leyenda urbana según la cual yo soy amigo de los monos, nada más lejos de la realidad, los monos son muy suyos y sólo en contadas ocasiones he podido llegar a comunicarme de verdad con alguno de ellos. Como iba diciendo siempre iba en lianas y el movimiento hacía que viera la selva desde una perspectiva turbia y embriagada, cuando paraba de repente para cazar todo me daba vueltas hasta que el caracol del oído se quedaba quieto, siempre demasiado tarde y cuando la presa ya había huido.
Hace unos meses dejé de usar lianas, prefiero caminar por la selva, he dejado ya de tener prisa por llegar y me regodeo más en el camino. La vegetación aquí es asombrosa, flores de mil colores se enredan por los troncos buscando esos rayos de sol que como lanzas se cuelan entre las copas de los árboles. No sólo h…

Limpieza

Para que una habitación esté ordenada tiene que tener algo dentro porque si no está vacía y no quiero decir que una habitación vacía esté ordenada: simplemente está vacía. Con estos tremendos pensamientos filosóficos me encuentro dentro de la bañera probando la nueva esponja mágica que sólo hay que mojar un poco y restregarla por la superficie a limpiar. Una vez pasada por todos lados saco un paño para secar pero me parece más correcto enjuagar y he aquí el dilema: ¿Cómo se enjuaga esto?
Cojo la manguera de la ducha y mojo toda la bañera, el bidé, la taza del bater, la pila, las paredes. El agua chorrea por los azulejos inundándolo todo. Rápidamente agarro la fregona y voy recogiendo. Esto de la esponja mágica tiene que tener otro sistema, quizás no haya que enjuagar porque esto es un atraso, a ver quien arregla ahora este caos. El producto desinfectante que eché en el bater me está mareando, la cabeza empieza a darme vueltas. Llaman a la puerta, suena el teléfono. Me resbalo, inten…